Él escuchó por las noches la lluvia caer sobre tu fija mirada, mientras tú implorabas con llanto que te soltaran de las ataduras invisibles de la esclavitud voluntaria.
Te sonrió con los ojos de amor que siempre le caracterizaron, escuchó tu voz; preguntó por tu nombre, le temblaron las piernas con el solo hecho de observar en tus labios el sonido de tu voz. Le devolviste la sonrisa con un apretón de manos y, el tiempo fluyó como mil años alrededor de ustedes.
Al día siguiente fuiste para donde se encontraba; lo saludaste, él no pudo más que simplemente reírse de los nervios. Ella los miró con tanto coraje que al momento de su saludo se levantó repentinamente y se apartó de ustedes; su llanto no tardó en correr. Le dijiste que fueran por un helado, él aceptó cordialmente y tú, sencillamente, te sonrojaste. Al llegar a la heladería preguntó por tu sabor preferido, le contestaste que de Fresa estaba bien, al momento de entregárselos él se quedó sin palabras. Caminaron lentamente por el boulevard de las rosas admirando la belleza de todas esas flores que brillaban en tus pupilas, tomó tu mano; cuando él lo hizo no pudiste contenerte, lo miraste fijamente a los ojos y dijiste un te quiero… se abrazaron, y el tiempo parecía infinito entre pétalos desvaneciéndose por sus dedos. Siguieron su rumbo y llegaron a un parque; la fuente al centro, las palomas pasando por la gente, el globero postrado en una banca y, ustedes sentados a lo lejos. Se miraron; él acarició tu tersa mejilla, serraste los ojos y suspiraste lentamente; los abriste, le sonreíste.
Pasó el tiempo… el atardecer comenzó a caer; el paisaje se tornó naranja, las hojas de los árboles cayendo a su alrededor; Tú te encontrabas recargada sobre su hombro, él te abrazaba y ambos observaban la caída del sol. Esos momentos tan eternos, tan valiosos que perduraron.
Llegó la mañana y como niños amanecieron abrazados, una pequeña manta de hojas secas los cubría; Él te despertó con un beso y como cuento de hadas le correspondiste el obsequio. Ella pasó en su bicicleta roja frente a ustedes; los miró con tanto odio que ni el mismo Satanás contempla en su morada, ustedes la vieron y le mostraron una encantadora sonrisa. Era tiempo de irse a sus hogares, Tú llegaste como un soplo de vida a su realidad, Él… sin pensar, te lo entregó todo.
La noche llegó nuevamente; Él con la cabeza agachada y con dolor en sus ojos, te miró; al instante moriste en llanto, no paraban de brotar las lágrimas en tus ojos, sin pensar, sin decir, juró que te amaba y que prometía volver antes del atardecer… Tú corriste gritando que se alejara de tu vida, preguntaste en voz enardecida el porqué lo hacía; sostuvo la mirada en llanto y te dijo que no era su mentira, que él te amaba y te quería y que nunca permitiría tanto daño en tu vida. Corrió a abrazarte, tú no lo soltaste entre llantos y caídas, entre besos y carias tu le pediste el perdón, él te respondió pidiéndote perdón… Sin más en sus anhelos, le decías gratos afectos. Ella no podía creer lo que manifestó el poder del amor.
Me gusta mucho cómo logras plasmar un tramo de una historia más grande que podemos inferir los lectores.
ResponderEliminarMuy bien logrado ese pretéritoo!! :D me da gusto, sigue así, en verdad.
Y recuerda creer en el ardor con que deseas el triunfo (: es básico
amigo amigo
ResponderEliminartu final me confunde, como siempre jajaja
aura fue más aventurada, a decir que el brinco que das en la narración es a propósito y que uno de be de inferir lo que pasó, no se si era lo que intentabas, pero aun así, a en mi opinión, quedarían muchos cabos sueltos. jeje luego te pondremos unos ejercicios, para ejercitar esos finales :P
gracias por subir tu entrada
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