domingo, 5 de septiembre de 2010

Caída libre

He ahí la puerta.
Hey, concéntrate, te estoy hablando. Mira la puerta.
Miras la puerta, me miras a mí.
De nuevo, has escrito esto antes, estoy plagiando tus palabras, estás tomando las llaves y las observas con las yemas de tus dedos. Lentamente. Las reconoces una a una. Escoges dos de entre el montón que se había formado cuando acumulaste las copias de un año entero de trabajo.
Sales. ¿O entras?. Tu vista periférica se torna en tedio cuando te das cuenta que son las mismas paredes, una y otra vez.
Tu trabajo en esa construcción llena de puertas ya no es suficiente. Ese hobbie de coleccionar una llave idéntica de cada una que has copiado para esa compañía ya no es suficiente.
Caminas en diagonal hacia la otra entrada. ¿O salida?.
Recorres la misma línea recta cargando un par de llaves en las manos por vez.
El montón pronto está en el suelo del elevador. Sí, date permiso, admira complacido. Eso es.

Ahora detente. ¿Qué harás?. Claro que no te atreves, así ha sido siempre. Vamos, vamos, no hables. Presionas "cero". Bajas. Qué lento se mueve todo cuando la expectativa te persigue.
Sí, aquí estamos. La misma puerta. Frente, me presumes un gran yunque y demás artilugios de herrería.
Te acercas. Brillan los ojos de todos quienes te miran desde las paredes de espejo de este improvisado sótano.
En un parpadeo ya has forjado la mitad de las llaves. Tres minutos. Es una esfera más pequeña de lo que esperabas. ¿Pesa suficiente?
Espera. Tú no eres así. Sólo te veo subir. Subes y subes, ya son 89 escalones hasta la ventana. La respiración se te ha agitado lo suficiente como para merecer ser descrita en esta línea.
No asomas la cabeza pero sí las manos. Extiendes esa concisa esfera. Brillante esfera.
Sexto piso. Los escalones son casi perfectos, el arquitecto debió esforzarse en ellos.
Disculpa, te pondré atención. Vuelve a hacer eso. Exacto.
Adelantas las manos todo lo que su extensión permite. Abres los dedos, les quitas la fuerza. Han pasado 16 segundos aproximadamente. Tan rápido como permite el medio oxigenado escuchas un grito agudo, un grito metálico y sonríes, sonríes conmigo.


3 comentarios:

  1. wooooooooooooooooooooooooooooooooooooowwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwwww
    está de pelosssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
    bien escena de acción!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    jajaja
    xD
    genial no no nooooo porque no le encuentro errores damn it!!
    eres demaciado buena

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  2. fue una actividad muy buena aura, gracias por aportar :D
    tu historia esta increíble,
    como que me desplaza en la temporalidad
    alargandola y reduciendola a tu antojo jeje
    muy bueno :D

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  3. voy entre galerías de sonidos,
    fluyo entre las presencias resonantes,
    voy por las transparencias como un ciego,
    un reflejo me borra, nazco en otro,
    oh bosque de pilares encantados,
    bajo los arcos de la luz penetro
    los corredores de un otoño diáfano,

    busco sin encontrar, escribo a solas,
    no hay nadie, cae el día, cae el año,
    caigo en el instante, caigo al fondo,
    invisible camino sobre espejos
    que repiten mi imagen destrozada,
    piso días, instantes caminados,
    piso los pensamientos de mi sombra,
    piso mi sombra en busca de un instante,

    corredores sin fin de la memoria,
    puertas abiertas a un salón vacío
    donde se pudren todos lo veranos,
    las joyas de la sed arden al fondo,
    rostro desvanecido al recordarlo,
    mano que se deshace si la toco,
    cabelleras de arañas en tumulto
    sobre sonrisas de hace muchos años,



    Octavio Paz buscaba un instante (eso que para él es lo que vale la pena de un poema entero). Tú, ¿qué buscabas? Te felicito por dejar que tu imaginación se exprese; es el único territorio libre de la humanidad. Besos. MSA

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